Ana Marinera
y sus aventuras...
miércoles, 23 de mayo de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
Todos tenemos cosas que perdemos
Las perdemos queriendo o no. En ocasiones son personas que se alejan, a veces los ciclos se cierran y se tienen que ir. A veces esos unicornios se van por voluntad propia y hay que dejarlos ir, aunque sea el único que queramos.
domingo, 4 de marzo de 2012
Coeur de pirate, alma de marinera
Mi nuevo grupo favorito: Coeur de pirate.
Justo cuando veníamos hablando la historia de un pirata, un pirata que tiene un barco pero no lo sabe manejar.
Yo sigo teniendo los horizontes abiertos y mientras nada me detenga vamos a izar las velas. Quizá en algún momento hagamos paradas a puertos viejos pero nada más.

Tu barco es un hermoso artículo artesanal de aparador. ¿Pero sabes? Me encanta despedirme de ti una y otra vez...

Justo cuando veníamos hablando la historia de un pirata, un pirata que tiene un barco pero no lo sabe manejar.
Yo sigo teniendo los horizontes abiertos y mientras nada me detenga vamos a izar las velas. Quizá en algún momento hagamos paradas a puertos viejos pero nada más.
Tu barco es un hermoso artículo artesanal de aparador. ¿Pero sabes? Me encanta despedirme de ti una y otra vez...
miércoles, 11 de enero de 2012
Barbanegra no era pirata, era capitán
Marineros y capitanes. Barbanegra, el capitán de corazón de viento y sentimientos de agua. El capitán pez, el de los ojos tristes.
Barbanegra siempre tuvo definida una cosa: Ir hacia donde el viento lo llevara. Ahora él estaba cerca del mar, esperando la aventura de su vida, mientras Ana Marinera tenía los pies en tierra firme, esperando por el momento de zarpar de nuevo.
Aunque no por mucho tiempo.
Ana Marinera lanzó nuevamente la botella al mar con un mensaje, mismo que con un poco de suerte llegaría a su destino. Las circunstancias indicaron que esa botella viajaría por meses para por fin llegar a las manos de Barbanegra quien, sin dudar un momento, sacó la hoja, para darse cuenta que lo que recibió era una hoja en blanco firmada en la parte inferior con el nombre de su remitente eterna. Sin dudar un segundo, comprendió lo que esta carta quería decir, pues en los papeles en blanco donde no se dice nada, se ofrece la posibilidad de reescribir una historia y una nueva epístola.
Barbanegra puso la hoja sobre el escritorio y la miró fijamente, mientras nuestra pequeña aventurera esperaba con ansia la respuesta del capitán de su propio barco. Quizá subirán al mismo barco para atravesar como antes los siete mares, los mares que daban amor sin fin, quizá se encontrarán en tierra como lo hacen cada determinado tiempo para contarse sus aventuras. Con un poco más de suerte, llegaría el momento cumbre de nuestra chica para tomar la decisión de su vida, a tomar el riesgo del cual huyó para salir a buscar más aventuras.
Siete horas los separaban. Como siempre.
If you want me to... I would.
Barbanegra puso la hoja sobre el escritorio y la miró fijamente, mientras nuestra pequeña aventurera esperaba con ansia la respuesta del capitán de su propio barco. Quizá subirán al mismo barco para atravesar como antes los siete mares, los mares que daban amor sin fin, quizá se encontrarán en tierra como lo hacen cada determinado tiempo para contarse sus aventuras. Con un poco más de suerte, llegaría el momento cumbre de nuestra chica para tomar la decisión de su vida, a tomar el riesgo del cual huyó para salir a buscar más aventuras.
Siete horas los separaban. Como siempre.
If you want me to... I would.
martes, 3 de enero de 2012
Matatiempo
A veces para divertirme, voy al lago y saco algunas piedras que tenía guardadas en una bolsita de terciopelo, y las lanzo al agua.

Veo cómo rebotan hasta que se hunden en el fondo.

Luego tomo otras piedritas de la orilla y las guardo en la bolsa de terciopelo.

Veo cómo rebotan hasta que se hunden en el fondo.

Luego tomo otras piedritas de la orilla y las guardo en la bolsa de terciopelo.
martes, 20 de diciembre de 2011
La música también emprende viajes

La música está en los mares, en las olas que rompen, en las piedras filosas y el agua que se filtra en la arena de las costas. La música caracol, la música viento.
Entre las tormentas de brisas una música viajó caprichosa hacia los oidos de Ana Marinera.
Era el viajero de ojos de mar y piel de sol. Su voz era un suspiro de cuerdas y bandoneón, de "s" aspirada que bailaba al son de las cuerdas de su guitarra vieja.
Era un viajero que llegaba de un barco, que escribía canciones sobre la borda y casualmente, terminaba de componer el último verso que decía: "Tierra a la vista".
domingo, 27 de noviembre de 2011
Bajo la lluvia con abrigo rojo.

"Me puse el abrigo rojo, compré también unos botines del mismo color; mi vestido y mis medias negras, el bromoso collar de cuentas rojizas".
El amor entre marineros implica despedidas, muchas despedidas. Por primera vez, Ana Marinera fue quien tuvo que mirar cómo se alejaba el barco. ¡Cuán difícil es estar del otro lado! Hizo todo aquello que ella hubiera deseado recibir en sus despedidas.
"Quería que me recordaras fuertemente y me distinguieras a lo lejos mientras tu bote se alejaba del puerto".
Después de un tendido abrazo y la lluvia interior mojándole el corazón, Ana Marinera cerró la historia más breve de sus andanzas, la que no le daba ninguna enseñanza, ninguna respuesta, solo un estremecimiento del corazón después de una profunda decepción vivida.
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