miércoles, 11 de enero de 2012

Barbanegra no era pirata, era capitán



Marineros y capitanes. Barbanegra, el capitán de corazón de viento y sentimientos de agua. El capitán pez, el de los ojos tristes.

Barbanegra siempre tuvo definida una cosa: Ir hacia donde el viento lo llevara. Ahora él estaba cerca del mar, esperando la aventura de su vida, mientras Ana Marinera tenía los pies en tierra firme, esperando por el momento de zarpar de nuevo.

Aunque no por mucho tiempo.

Ana Marinera lanzó nuevamente la botella al mar con un mensaje, mismo que con un poco de suerte llegaría a su destino. Las circunstancias indicaron que esa botella viajaría por meses para por fin llegar a las manos de Barbanegra quien, sin dudar un momento, sacó la hoja, para darse cuenta que lo que recibió era una hoja en blanco firmada en la parte inferior con el nombre de su remitente eterna. Sin dudar un segundo, comprendió lo que esta carta quería decir, pues en los papeles en blanco donde no se dice nada, se ofrece la posibilidad de reescribir una historia y una nueva epístola.

Barbanegra puso la hoja sobre el escritorio y la miró fijamente, mientras nuestra pequeña aventurera esperaba con ansia la respuesta del capitán de su propio barco. Quizá subirán al mismo barco para atravesar como antes los siete mares, los mares que daban amor sin fin, quizá se encontrarán en tierra como lo hacen cada determinado tiempo para contarse sus aventuras. Con un poco más de suerte, llegaría el momento cumbre de nuestra chica para tomar la decisión de su vida, a tomar el riesgo del cual huyó para salir a buscar más aventuras.

Siete horas los separaban. Como siempre.

If you want me to... I would.

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